Siempre supimos que estábamos perdiendo el norte, pero apenas había tiempo para pensar en ello: ve a trabajar, hazte un lifting, compra un coche más grande, paga los plazos de aire acondicionado. ¿Quién tenía tiempo? Además, para eso estaban los políticos.
Lo que no sabíamos es que también estábamos perdiendo el sur. Éste nos quedaba más lejos.
Perder el norte
cuentos, cuentos literalesEn modo infantil, otra vez
Durante el último mes he tenido que sortear incidentes variados, léase:
- una alergia en un ojo que me ha tenido "de baja" como escritora y lectora y cualquier cosa que necesitara algo de visión
- la gota fría que ha empapado Levante y el sofá de mi casa
- una repentina e irrefrenable pasión por aprender a hacer croché y después amigurumis

El cuento (que pondré aquí nada más salga del horno) me está resultando muy divertido. No sé si leerlo será igual de divertido, pero escribirlo es un placer. Tiene una estructura muy sencilla, pero un puntillo absurdo que me hace disfrutar muchísimo ( y prota femenina, sí).
Tardaré un poquito más en acabarlo, sobretodo por las ilustraciones que necesitan más tiempo de lo que Nuk necesitó. Hay más personajes y más ambientes, y además cada una lleva varias horas de trabajo, cosa que no ocurría con Nuk. Y luego están los amigurumis que ahora también reclaman su espacio.
Esto no es mi vida por fascículos, sino una explicación de por qué no ando escribiendo aquí o en aMINUSCULA: vuelvo a estar en "modo infantil" (arriba están las pruebas gráficas, espero que sirvan de justificante). Cuando alcance la adultez, vuelvo.
(Aviso: tengo otros dos cuentos esperando en mi cabeza para ser escritos; trabajo con niños, que es lo mismo que decir que trabajo en una fábrica de cuentos, por lo que no sé si algún día...)
Lo prometido
librosEspero que os guste. He hecho lo mejor que he podido y amenazo con más.
El maravilloso mundo de los libros infantiles
libros
Richie
retratos
Richie siempre hacía este tipo de apuestas con nosotros, cada vez más increíbles y más asquerosas, por eso siempre acabábamos picando el anzuelo y apostábamos. Y siempre nos ganaba. Creo que no había cosa en el mundo que Richie no fuera capaz de meterse en la boca e incluso tragar. Y nunca le pasó nada, aparte de enriquecerse con la suma de nuestras pagas semanales.
Todos le admirábamos en secreto. Confiábamos en que un día se haría más rico todavía y se convertiría en el dueño del Universo.
Ahora conduce camiones; cuando llega al destino, bebe hasta caer muerto.
Tempicidas
cuentos, cuentos literalesLos focos se encendieron a todo color. Sabíamos que en aquel preciso instante, al otro lado de la pantalla, millones de personas mataban su tiempo, de forma más o menos violenta y más o menos consciente.
